#36 El pasto es más verde en el campo ajeno
Sobre el comportamiento de artistas de otras áreas, y un compendio de textos pendientes
Hola. Aunque se supone que estoy de vacaciones, no he dejado de hacer cosas, ni de prepararme para otras que vienen a futuro. Me gusta hacer cosas, como dije antes; por ahora, sin embargo, me gustaría más poder encontrar espacios y voluntades suficientes como para dignarme a descansar.
Mientras me paralizo en este deseo, por ahora imposible de concretar, acá va un recuento de textos que salieron a la luz entre fines de 2025 y principios de 2026. Dos de ellos corresponden a escrituras y publicaciones de trabajos que permanecían inéditos fuera del área académica, y uno a mi acostumbrado recuento de lecturas del año recién pasado. También añado una reflexión.
En detalle, en este boletín se encuentran:
👸🏻 Una versión extendida de mi ponencia sobre Final Fantasy IX.
🌸 Una versión extendida de mi ponencia sobre una novela chilena de fantasía.
📚 Mi recuento de lecturas de 2025.
🎵 Una reflexión sobre lo mucho que difiere el campo de la escritura de fantasía local del de otras artes.
Ensayo: La formación de la princesa Garnet de Final Fantasy IX: una lectura desde el cuento de hadas
Esta fue una de mis primeras ponencias de 2025, en el contexto del 2° Congreso de Estudios Ludo Críticos: El componente político de los videojuegos. Como comento en la entrada, me hubiera gustado publicarla en alguna web especializada en videojuegos, pero ninguna me pareció adecuada para las características del texto, así que finalmente resolví publicarla en mi propio blog, como un ensayo expandido.
Garnet es uno de mis personajes femeninos favoritos de la saga de Final Fantasy y me gustó mucho revisitarla desde este contexto. Como mis lectores saben, y contrario a lo que gente que no me conoce podría pensar debido a mi propio soft tomboy-ismo, a mí me encantan las figuras de las princesas. Creo que tienen un potencial enorme cuando se las escribe o delinea atendiendo a sus sedimentos arquetípicos y complementándolas con nuevas inquietudes sobre el género, la sexualidad y el poder.
Garnet fue un gran referente femenino para mí de joven, que me vacunó oportunamente de cierto odio feminista a la figura principesca, y lo ha sido quizá también en mi adultez, en su inspiración indirecta de mis propios personajes de princesas. Así que ha sido una gran alegría honrarla desde mis palabras, primero en un ensayo que sirvió como antecedente para la ponencia y luego para la ponencia misma.
Este fue el ensayo original:
“La princesa Garnet de Final Fantasy IX o el regreso a la fantasía”. Publicado en Revista Presura. Videojuegos, Cultura y Sociedad, 2016.
Este fue el anuncio oficial de la ponencia en mi boletín:
Y este es el enlace al texto final:
Ensayo: El viaje de fantasía queer/crip en Las flores crecerán sobre mi cuerpo (2023), de TopoPanda

Estoy intentando retomar poco a poco el comentario crítico de obras chilenas de fantasía, tras varios años de silencio debido a un fuerte backlash hacia mi persona y mi trabajo. Como actualmente no tengo ninguna obligación académica o cultural que me fuerce a leer y estudiar publicaciones mal escritas que no me atraen, soy libre de imponer mis propias condiciones de lectura y comentario.
Por ahora, me interesa destacar trabajos que me parezcan valiosos e interesantes desde términos literarios, pero también que provengan de autores que no tengan una mala impresión de mí ni de mi propia obra.
En esta intersección, felizmente, calza la bella novela breve Las flores crecerán sobre mi cuerpo (2023), de le autore TopoPanda (seudónimo de Nataschia Navarro Macker).
Este ensayo es una revisión levemente ampliada de la ponencia que presenté, originalmente en inglés, en la GIFCON 2025: Queering the Fantastic (Universidad de Glasgow). En este boletín anuncio este evento y de qué fue la ponencia:
Para difundir el corpus crítico fuera del ámbito académico y extranjero, traduje yo misma el texto al español y lo envié a la revista chilena Pudú Marciano, a la que agradezco el espacio de publicación.
Espero contribuir con esto, aunque sea un poquito, al estudio y promoción de la novela de TopoPanda, que me ha parecido preciosa y digna de muchas lecturas.
(Asegúrense de haberla leído antes de leer mi texto: a la academia no le importan los spoilers. Bueno, ni a mí. Si a ustedes tampoco, no hay problema).
Mis lecturas destacadas de 2025

Como cada enero, subo a mi blog mi recuento de lecturas del año pasado.
Aunque parte de esto lo comento en la entrada misma, sintetizo algunas observaciones generales de esta selección:
Durante el primer semestre del año, leí mucho menos de lo que hubiera querido por gusto debido al doctorado. (Obviamente, no iba a incluir papers o libros muy teóricos).
Omití algunas obras de fantasía que hubiera querido destacar porque las leí al inicio de 2025, momento complicado para mí.
La mayor parte de las obras destacadas son de realismo. Pero son buenas obras, y no se trata de trabajos que estén ahora mismo de moda.
Definitivamente, si no tomo notas enseguida tras recién leer una obra, me cuesta mucho volver a ella para comentarla a fin de año. Así que tengo que estar muy atenta a eso, para todos los libros que vaya a leer más adelante y que me interese destacar.
Aquí está mi entrada:
El pasto es más verde en el campo ajeno, o la necesidad de que la fantasía sea un arte más

Por razones personales, me he encontrado estas semanas volviendo a un interés que cultivé en la veintena: escuchar proyectos musicales chilenos contemporáneos, más o menos independientes, en la intersección general de pop/rock (“la escena”, como al parecer le dicen los Gen Z). He regresado a discos de bandas que me acompañaron mucho en esas épocas, he empezado a escuchar las publicaciones más recientes que no llegué a conocer en su momento y he descubierto nuevas propuestas.
Este proceso de retorno y hallazgo me hizo recordar las entrevistas que leía de estos artistas en medios como la revista chilena Rockaxis, que coleccionaba en su versión impresa en mi juventud. De manera homóloga a mi fidelidad a la también extinta revista española de videojuegos PlayManía, se podría pensar que no tenía mucho sentido comprar mensualmente una publicación que apuntaba a un área diferente a la mía: así como yo nunca llegué a tener una PS2 (o 3), tampoco era de comprar discos nacionales ni ir a tocatas o conciertos1. De hecho, el pop y el rock comunes ni siquiera han sido géneros que me hayan gustado mucho en mi vida.
Pero me aficioné a comprarla porque me encantaba leer cómo los músicos, sin importar su talento, o calidad o relevancia de su obra, hablaban de sus trabajos, y de cómo los periodistas o críticos del equipo de la revista comentaban discos y presentaciones.
En los músicos había una conciencia muy nítida, aunque fuese intuitiva, de que el arte era parte de la experiencia humana, y que como tal requería darle forma (en este caso, desde el sonido) según determinadas directrices, buscando determinados efectos o propósitos. Debo haber leído muchas entrevistas de bandas que nunca llegué a escuchar, o que en realidad no me interesaron o no me hubieran interesado, pero que valoré justo por esa metacognición artística.
Muchos músicos sabían exactamente por qué tomaban ciertas decisiones en su trabajo, y eran capaces de explicarlas con gran detalle; el resto, al menos sabía dejarse llevar por el pulso, y eso igual los hacía capaces de explayarse respecto a sus impresiones ante el material base que luego iban trabajando. Todos, siempre, comentaban además otros proyectos que los inspiraban, que disfrutaban escuchar y que tenían muy en la mira en el desarrollo artístico de los propios2.
La fase inicial de mi veintena fue una etapa en la que exploré bastantes cosas ajenas a mi experiencia o perfil inmediatos, con resultados mixtos, y creo que de alguna forma esos textos llenos de reflexiones sobre inspiraciones, procesos o referencias calaron hondo en mí respecto a la postura que me interesaba tener como escritora. En esos años, que en realidad fueron horrorosos en lo personal, yo aún no volvía a la fantasía, pero hoy quizá puedo ser más misericorde con esa etapa y rescatar el hecho de que por lo menos estuviera forjándome de maneras indirectas en lo que sería mi arte definitivo. Por ello, hoy creo que aquellas palabras de músicos fueron el primer apronte a los mimbres artísticos que más adelante conocería al fin desde la propia literatura de fantasía, desde los ensayos de autores pensantes y altamente metaconscientes como J.R.R. Tolkien o Ursula K. Le Guin.
Nunca me acerqué mucho al área de arte visual, a pesar de que disfruto mucho de las ilustraciones de fantasía y de que siempre me sentí muy cómoda con el manga y el animé. Con todo, en los últimos años he apreciado una visión autorial también reconocible y explícita en diferentes artistas de estas líneas, tanto a partir de lo que han señalado en textos personales o entrevistas, o incluso en lo que revela su propio trabajo.
El título enigmático de esta reflexión se debe a que, precisamente, siento que rara vez, en el contexto de más de diez años en el ruedo, he llegado a encontrar esta aproximación en escritores contemporáneos de fantasía, sobre todo en chilenos3.
Si bien el panorama ha ido mejorando bastante con los años, ¡por fortuna!, me sigo encontrando con un perfil dominante de escritor chileno de fantasía que no demuestra interés en pensar crítica o poéticamente su arte, en conocer la genealogía y el estado del arte en el que se está insertando o pretende insertarse con su obra (más allá de las tendencias comerciales globales), en leer autorías marginales que no sean compañeros de editorial o amigos previos, en nutrirse con fuentes propiamente literarias además de los insumos habituales (juegos de rol, manga/animé, videojuegos), o en forjar su prosa más allá de talleres literarios o consejos genéricos de escritura, importados de los gringos4.
Aclaro enseguida que con esto no estoy diciendo que estos autores tengan que estudiar Literatura como disciplina académica para validarse, obviamente. Incluso sé de personas que hicieron eso, pero que por alguna razón calzan con aspectos del perfil anterior, como si la Literatura™ como disciplina de estudio e investigación fuera una sustancia completamente diferente (o ajena) a la escritura personal de fantasía.
Por eso quise hacer el contraste inicial con artistas de otras áreas, que no siempre estudiaron Música, o Arte, o Diseño. Esto no se relaciona con estudios formales, sino con la visión personal que se tiene ante el propio trabajo como una obra de arte, y lo que implica o pueda implicar el arte para cada cual.
Desde luego, pueden haber muchas visiones al respecto. Pero, cuando me encuentro ante una de estas emanaciones del perfil de escritor descrito, no veo que la visión en sí piense en la fantasía como arte en general, al menos como yo lo entiendo. Y eso me frustra enormemente, tanto por la sensación de soledad que ha solido acompañarme en estos derroteros por muchos años como por el empobrecimiento del campo cultural de los Fantasistas locales.
Si la fantasía no se piensa como literatura, aunque fracase en su ejecución más depurada, nunca podrá ser tomada en serio como arte literario en el gran contexto cultural de nuestro país. Acaso esté condenada igualmente a nunca alcanzar este estado por prejuicios inamovibles de los odiosos e ignorantes de siempre, pero desde luego que este otro problema es una complicación adicional, innecesaria, vergonzosa.
Pero bueno, podría criticarme alguien: ¿por qué esperas que esto “se tome en serio”? ¿No es apenas buscar validación institucional, normativa, algo que tú misma detestas como concepto? Y sí. El punto es que, para el fortalecimiento COMUNITARIO de un campo5, estas cosas no se pueden obviar.
Yo bien podría meterme en una terapia intensa para sanar mi conflictiva relación personal con la aprobación ajena y, tal vez, al fin lograr mi anhelado deseo de desaparición “total”. Yo podría descartar todas las otras historias que quisiera escribir y publicar y quedarme solo con Obra Mayor, que nunca verá la luz por decisión propia. Pero eso no ayudaría a la fantasía en el gran contexto de las cosas. Solo me ayudaría a mí, y quizá ni eso del todo.
No me refiero con esto a que la fantasía “necesite” de mis obras: seré egocéntrica, pero no tanto. La fantasía no me necesita, obviamente; soy yo la que la necesito a ella. Me refiero a que lo que necesitamos es un esfuerzo conjunto para fortalecer y madurar esta estética por el bien de una emergente tradición local, y en concreto para asegurar (o al menos facilitar) la potencial existencia de una obra valiosa e importante, que acaso no llegue a ver la luz si no se cultiva un campo propicio para su germinación (nacimiento embrionario: idea, concepto, poética), desarrollo (textualización, escritura, revisión) y florecimiento (publicación, promoción, estudio).
Que ciertas obras se publiquen y vendan mucho no contribuye en sí al campo, puesto que en la práctica no hay una diferencia real entre vender este tipo de libros, desde este tipo de abordajes, y, no sé, poleras estampadas. Falta que los libros y sus autores se inserten en este campo y tracen diversos vínculos con otros libros y otros autores (y aun con otros campos).
Me recuerda a un comentario que he visto circular como meme, y si bien ello implica que no se lo aprecie ya, creo que algo de verdad encierra aún: ¿por qué las películas de Avatar resultan éxitos comerciales y sin embargo no parecen tener un peso real en la cultura popular, como sí lo han tenido otros filmes exitosos en la historia del cine? ¿Quién es la gente que ve las películas de Avatar y que revienta las taquillas?
Bajando a lo nuestro: ¿quiénes son los lectores que agotan reimpresiones (aunque sean pequeñas) de libros auto o coeditados de fantasía que rara vez vemos circular (fuera de ferias medievales o literarias menores) en el mundo exterior, o en el reducto aún textual y analítico de Internet? ¿Qué hace esa gente con sus lecturas, además de, bueno, leer las obras?
“No tienen que hacer nada. Ya compraron. Ya (se supone) leyeron”, podría decirme alguien.
Pero podrían hacer más cosas, ¿no? Sería bonito si lo hicieran. De la misma forma en la que lo sería si el perfil general de autor comentado antes ampliara su propio horizonte y empezaran a valorar la fantasía como literatura, y a la literatura como arte.
¿Qué otras cosas se podría hacer? No soy gestora cultura ni me interesa serlo como tal, pero desde mi experiencia personal creo que sería muy valioso, para los autores, volver a las bitácoras de escritura (públicas o privadas) como fraguas de pensamiento, articular más conversatorios o charlas y talleres de LECTURA, conectar mejor la academia y la práctica literaria en sí, interesarse más por los múltiples Otros que a veces nos cuesta ver en nuestros propios círculos6. En el caso de los lectores, también podrían gestionar algunas de estas actividades, o motivarse más a escribir textos extensos con sus impresiones o recomendaciones y a no depender siempre de “colaboraciones” (ejemplares de cortesía) para motivarse a decir algo. Comprar un libro es también una forma inicial de apoyo.
Me consta que hay ahora nuevos agentes que antes —pienso en al menos una década atrás, o 15 años— no existían, y que están intentando estas cosas. Vamos por buen camino, pero necesitamos más.
“¿Qué intereses ocultos tienes tú en esto?”, me preguntaría alguien. No oculto que quiero una gran obra de fantasía chilena, o varias. Ya tenemos unas cuantas, pero aún pocas: insisto en que necesitamos más. No vendrían de mí, aunque lo desearía y lo intentaría, como supongo que cualquier autor al que le importe la literatura (y su literatura) quisiera hacer. Y creo que es parte de nuestra responsabilidad nutrir el campo para, como mencionaba antes, ayudar a que estas puedan nacer. Quizá no vengan de nadie identificable actualmente en el fandom/mundillo local. Quizá se trate de autores que aún no nacen, o que aún no empiezan a escribir, o que aún no escriben fantasía. Pero es bueno que, si esos autores logran emerger, incluso por su cuenta, sus obras luego tengan un lugar más o menos ya compuesto en el que recalar y enraizar, y que ojalá no solo vinieran a profitar de él o a instalar a sus amigos sin méritos propios, sino también a compartir y buscar maestros, aprendices y compañeros de viaje.
Habría que hacer y cambiar mucho más, y costaría. Pero nada se perdería, de hecho (nada verdaderamente importante), y podría ganarse tanto.
Quizá tanto como he visto, desde el otro lado de la reja de mi jardín, que ha pasado en música… al menos desde mi mirada sesgada y mi escucha sorprendida de discos que me expresan tanto con su propia belleza, aunque sea distinta a mi entendimiento habitual de ella.
Bueno, así comenzamos el año. Nos leemos más adelante.
La revista Rockaxis continúa vigente, solo que bajo un formato de suscripción digital. La revista Playmanía dejó de venderse en Chile hace mucho tiempo, y cesó de editarse en 2022. Echo muchísimo de menos el ritual de comprar una revista física al mes y leerla. Pero supongo que, si este modelo hubiera sobrevivido, hoy estaríamos invadidos de prosa de ChatGPT injustamente dignificada en papel couché.
Hace un tiempo, comenté abiertamente este desconcierto desde la siguiente interrogante, que parafraseo desde el recuerdo: “¿Por qué es tan común que algunos escritores emergentes de fantasía confiesen sin culpa que no leen, o que no les gusta leer? Y ya ni siquiera literatura ‘prestigiosa’ en general, sino fantasía, que se supone que es su interés. ¿Cuándo hemos visto, por ejemplo, a músicos a los que no les guste escuchar música?”.
En ese entonces, una compañera escritora argentina, también músico, me dijo que eso también pasaba en el patio del lado. Como yo no me relaciono con músicos (fuera de ella), tengo menos experiencias para poder descubrir esto, así que le creo. Sí puedo añadir un matiz: al menos todas las entrevistas en medios que le leí a estos músicos sí daban cuenta de una relación de recepción crítica y creadora con el medio. Por el contrario, varias entrevistas en medios equivalentes (o aun más importantes) que he leído de autores emergentes de fantasía han resultado muy pobres en estos aspectos.
Hago esta precisión no solo porque lo que me interesa, como siempre, es hablar de fantasía, sino también porque el tiempo me enseñó que estas aproximaciones sí se dan en algunos jardines de la literatura “normativa”. Normalmente, escuchar o leer a ciertos escritores normies, aunque sus obras o personas me resulten ajenas o desagradables, es estar frente a una visión artística indiscutible. Mención aparte merecen los (buenos) poetas, los artistas de la palabra más autoconscientes que existen en nuestro mundo.
Hace un tiempo expandí un poco este perfil, centrado entonces en las obras, en mi ensayo “Peligros y esperanzas de la fantasía bootleg” (2023).
A que no se esperaban eso de mí. Jejeje. Lo cierto es que yo no estoy en contra del sentido de comunidad. (Obviamente…). Lo que me parece crucial, eso sí, es que se trate de una comunidad ORGÁNICA, que se dé por conexiones emocionales honestas e intereses intelectuales y estéticos compartidos. Y también que sea una comunidad que respete necesidades de silencio y soledad que no entrañan ningún daño para otros.
De hecho, yo suelo revisar las novedades mensuales de algunas editoriales nacionales de coedición y rastrear, si los hay, fragmentos de las primeras páginas. Aunque confieso que rara vez me he encontrado con algo que me llame la atención, no he dejado de hacerlo. Siempre puede haber algo bueno escondido, o en lugares inusuales, sobre todo si un autor promisorio pero primerizo solo llegó a publicar ahí por desconocimiento, una vez más, de las posibilidades del campo.






Me parece muy chistoso que este "especimen" de persona que busca fama/fortuna en un medio creativo que no consume (o es lo que me imagino que sucede) porque también en los cómics me he topado con gente que no lee cómics! Pero que los ve como vehículo para llegar a hacer otras cosas (como animación).
En fin, me gustó tu comentario sobre que incluso si uno no puede salvar personalmente el medio que ama, si que funciona lo de nutrir el suelo para que crezcan más cosas. Aunque no es lo mismo, yo he visto la paralela de cuando empecé a autopublicar mis monitos había muy pocas mujeres haciendo cómic (públicamente, porque siempre las hubo) y aunque obvio el crédito no es mío, siento que las necias que hacíamos cosas e íbamos a eventos ayudamos a volver el ambiente más amable para que más chicas empezarán a publicar sus historias sin que los señores gatekeepers pudieran hacer nada.
Hoy en día los proyectos de cómic con más éxito en México han sido por chicas y eso me hubiera parecido imposible cuando empezaba!!
Así que mejores cosas si pueden suceder cuando se forma una comunidad <3