Recuento de 2025
Cosas hechas y el peso invisible de hacerlas
Hola. En este boletín especial comparto mi recuento anual. Me enfoco solo en lo que han sido mis actividades académicas y literarias públicas; no me interesa detallar abiertamente en qué estoy trabajando actualmente en cuanto a proyectos personales, sean literarios o no.
Como es mi costumbre, para ver el listado de cosas hechas los voy a sacar de esta plataforma, pues todos mis recuentos anuales los subo a mi página de Ko-fi.
Sobre recuentos anules
La idea de empaquetar las actividades y experiencias anuales como “contenido virtual” tiene numerosas críticas, sobre todo cuando son las empresas las que promueven estas iniciativas a partir del consumo de sus plataformas. Pero el acto mismo de volver la vista atrás para ver las propias huellas en el camino no me parece en lo absoluto malo. Que el capitalismo se lo haya adueñado es otra cosa, pero nosotros también podemos resignificarlo desde sus propias herramientas.
Mirar atrás es también recordar quién fuimos en cada paso, qué esperanzas, alegrías, tristezas o rabias nos acompañaban entonces. Mirar atrás y trazar una ruta de lo recorrido es crear una narrativa personal, que no tiene que ser necesariamente de crecimiento como de mero cambio. Y el cambio mismo no tiene por qué ser el de una odisea; puede ser bien simplemente ese clic que te acomoda el corazón a una certeza que ya tenías bien articulada en tu mente, pero que nunca pudiste entender desde el pecho.
Pensaba en estas cosas cuando empecé a ver los post que son el reverso, también mercantilizado, de los recuentos/wrapped anuales: “está bien si tu único logro fue sobrevivir”. Por supuesto, esto también es cierto. Pero el hecho de que empiece a aparecer constantemente en estas fechas vuelve genérica la intensidad y el propósito del mensaje. De hecho, creo que resulta incluso más vacío que el otro, pues un recuento anual siempre va a ser personal, incluso si solo viviste desde experiencias supuestamente estándar; en cambio, aferrarte a la supervivencia como único logro, y a la mera expresión de esa sentencia como un meme o mensaje motivacional, borronea tus propias formas de mantenerte en la vida. Esas formas importan, y son también merecedoras de incluirse en cualquier recuento, público o (sobre todo) privado.
Otra cosa que omite este tipo de mensaje es que la gente que puede haber amasado muchos logros anuales bien puede haber sobrevivido a través de ellos.
En los borradores de este texto, comprendí que simplemente quería expandir la idea de “caras vemos, corazones no sabemos”, pero me enojaba mucho al intentar hacerlo. Sentía que inconscientemente solo buscaba responderle a la gente que nunca ha valorado mi esfuerzo en la consecución de mis propios logros, por creer que poseo algún tipo de privilegio (¿cuál? Misterios), por no mostrar abiertamente con mensajes genéricos cada paso que he hecho en ciertos caminos, como suelen hacer los normies, o por tan solo detestarme.
Desde hace un tiempo, cuando comencé a llevar un registro riguroso de todas las cosas que hacía como investigadora y autora, descubrí con sorpresa que siempre estaba en movimiento. Salvo cuando estaba mal de formas muy particulares (depresión, por ejemplo), mi forma de encarar la vida, tanto desde el entusiasmo como desde el dolor, ha sido siempre desde el “hacer cositas” (virtuales). Para mi propio perjuicio en otras actividades personales importantes, me encanta escribir en Internet. Me encanta estar en muchas partes. Me gusta incluso hacer gráficas inútiles en Canva para mi cuenta de Instagram, quizá la RRSS más indolente que he probado, junto a Bluesky.
Sé que algún día todo esto acabará. Quizá no tenga que morir o sufrir algo tremendo para detenerme, en todo caso. Quizá alguna nueva depresión o alguna alegría rotunda me renueve la mirada. Quizá un cambio insospechado me haga volcarme en otras cosas importantes, privadas, y/o más significativas. Quizá al fin sienta la necesidad de hacer realidad uno de mis deseos más extraños: desaparecer por completo, al menos de Internet/RRSS, y de la gente que solo depende de Internet/RRSS para tenerme en su mente. O quizá Internet mismo desaparezca durante mi rango de vida. No sé.
Como sea, de momento me aferro a estas cosas porque me sirven como forma de narrativa personal, y también de desarrollo. Cada cosa hecha, aunque pequeña, es una piedra más para un castillo, una palabra en una titánica novela. Cada cosa hecha, quiero creer, me aparta de los pasados que han intentado lastrarme. Cada cosa hecha han sido un puñado de horas que he dedicado a construir algo, aunque parezca inútil o “pretencioso” para otros, en lugar de asentarme en el sufrimiento y la desesperanza.
Y ese, quizá, sea el verdadero “logro” de todo esto.
Cuando miro mis recuentos anuales, veo todo eso en mí. Y yo, que siempre he sido una persona profundamente inmisericorde conmigo misma (iba a escribir “aunque razones no me faltan”, lo que acaba de probar la sinceridad de estas palabras), me permito alegrarme un momento y sentirme orgullosa de lo recorrido y construido.
Cuando comparto mis recuentos anuales, lo hago tanto para tener un acceso expedito a ellos como para mostrarle a otras personas la belleza o sentido que intenté concebir en cada una de esas pequeñas cosas. Así como yo disfruto ver lo que ciertas otras personas tienen que ofrecer de sus propios años: me encanta ver sus aventuras, leer sus listas de libros o videojuegos, incluso a veces reconocerme en compañía (física o remota) de alguno de sus hitos.
Quizá llegará el día en que solo registre esto para mí misma y sea suficiente, pero de momento me gusta, paradójicamente, el gesto social y comunitario de celebración mutua.
Porque, justamente, cuando pienso en recuentos anuales personales, pienso en pequeñas formas de celebrar haber estado vivo un año más, algo que nunca se puede dar por descontado.
Y pienso al fin en esa bella cita de Ray Bradbury, con la que de hecho cerré mi primer blog, en 2013, para dar cuenta de que todo fin es un nuevo inicio:
Así que bailamos, bailamos para no estar muertos. No queremos que eso ocurra.
Si Dios y yo queremos, nos leemos en 2026.






Me pareció muy bonito lo que dices, sobre todo el aferrarnos y el mirar atrás a lo que logramos aunque sean cosas que podrían no parecer tan grandiosas como una forma de sobrevivir también. A mí me gustan mucho los recuentos y los resumenes del año, disfruto mucho de ver cuáles fueron las cosas favoritas de la gente, qué cosas les hicieron felices, qué logros tuvieron <3
Muchas gracias por compartir estas reflexiones, Paula. Me sorprende lo parecidas que son tus reflexiones a las propias notas que he escrito en mi diario. El de papel, ya que por lo general pienso mejor con un lápiz en la mano que sobre un teclado.
Hace un par de años comencé a practicar un ritual llamado "Prueba de Jano", que aprendí de la Orden Rosacruz Iniciática (a la cual no pertenezco, pero me resulta interesante). El ritual consiste, básicamente, en dar una mirada hacia los logros pasados y las proyecciones futuras siguiendo una pauta específica. Por supuesto, es un ejercicio bastante personal.
También es un ejercicio largo y por lo general me toma varios días (este año no lo he hecho todavía), pero es muy esclarecedor. Quizá puedas buscar información de ello en Internet.
Espero que el año próximo sea bello y te revele tesoros de gran valor para ti.